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Theodore John Kaczynski, nacido en 1942 en Chicago, también conocido como Unabomber, es un matemático norteamericano y crítico de la sociedad que llevó a cabo una campaña de envíos de cartas bomba para denunciar la sociedad moderna tecnológica. Tras doctorarse y ejercer como assistant professor, en 1971 se mudó a una cabaña en las remotas tierras de Lincoln, Montana, donde empezó a aprender técnicas de supervivencia y a intentar ser autosuficiente. De 1978 a 1995, Kaczynski envió 16 bombas caseras a objetivos incluyendo universidades y aerolíneas, acabando con la vida de 3 personas e hiriendo a otras 23.

Kaczynski envió una carta al diario The New York Times el 24 de abril de 1995 y prometió “cesar el terrorismo” si publicaban su manifiesto. En su manuscrito La sociedad industrial y su futuro, argumenta como las bombas eran medidas extremas pero necesarias para atraer la atención sobre la erosión que sufría la libertad humana, erosión regida por la alta tecnología que precisaba una organización a gran escala. Descarta cualquier plan de reforma e insta a la revolución.

Unabomber fue el objetivo de una de las investigaciones más costosas de la historia del FBI. Fue el hermano de Kaczynski el que reconoció la caligrafía e ideas expresadas en el manifiesto y se lo hizo saber al FBI.

El manuscrito está estructurado en 232 párrafos numerados y dividido en varias partes con títulos empezando por: la psicología del izquierdismo moderno, sentimientos de inferioridad, sobresocialización, el proceso de poder, actividades sustitutorias, autonomía… y acabándo por: control del comportamiento humano, la raza humana en una encruzijada, sufrimiento humano, el futuro, estrategia, dos clases de tecnología y el peligro del izquierdismo. Si bien encuentro coherencia y varias ideas reveladoras al principio del manuscrito, el final  muestra un carácter extremista y demente de un Kaczynski ahogado en su propia concepción del mundo. A continuación reproduzco parcialmente  algunas de esas ideas que más han estimulado mi intelecto.

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EL JUEGO DE LA VIDA

El Go es un juego de mesa de estrategia para dos jugadores. Es también conocido como igo (japonés), weiqi (chino) o baduk (coreano). Es realmente simple aprender sus reglas, pero desenvolverse en un tablero tan extenso requiere mucho más que simples cálculos matemáticos, es necesario apelar al sentido intuitivo de la posición, de visión de futuro y de estética. Debemos intuir y manejar la partida de Go de una manera personal, decidir tal y como lo haríamos en nuestra vida diaria. Cada partida resulta en una obra irrepetible impregnada con el carácter de sus autores: Arte.

El tablero comienza vacío. Se juegan un total de 181 piedras negras y 180 blancas, un desequilibrio intencional. Se  ubica  una primera negra sobre una de las 361 intersecciones y seguidamente una blanca equilibra el tablero. Así continuamente. Aunque parezca extraño, no jugamos contra nuestro oponente, lo hacemos contra el tablero. Si consideramos los conceptos del Tao, de lucha de desequilibrios, el juego toma una dimensión más profunda. La victoria y derrota pasan a un segundo plano, lo que importa es aprender… un poco más cada vez. Pronto nos damos cuenta que los esquemas planteados en el Go funcionan en nuestra propia vida. Con el tiempo, el Go ha cambiado nuestra vida para equilibrarla y hacerla más satisfactoria. La partida de Go, al igual que la vida, acaba cuando uno se rinde, cuando ya no tiene sentido ubicar más piedras en el tablero.

Sentado frente a un tabloide de madera pulida, donde se han dibujado 19 líneas horizontales y 19 verticales para marcar el escenario de la lucha que se avecina. Cojo una piedra tan esbelta como extraña y me dispongo a efectuar mi primera jugada. El ambiente es místico, solemne, hay 361 intersecciones donde ubicar la piedra y todo podría pasar desde el primer momento. El juego de la vida ha comenzado… Continuar leyendo »

Con un rasgo sobresaliente, ojos brillantes…

Srinivasa Ramanujan fue uno de los más curiosos genios que ha dado la humanidad. Nacido en el seno de una familia humilde de la India en 1.887, estaba dotado de una capacidad intuitiva para las matemáticas muy inusual.

Sin tener estudios matemáticos consiguió logros importantísimos gracias a su capacidad de abstracción y a su portentoso dominio de los números y sus propiedades. A los 12 años dominaba la trigonometría, y a los 15 le prestaron un libro con 6.000 teoremas sin demostraciones. En 1903 y 1907 suspendió los exámenes universitarios porque sólo se dedicaba a sus diversiones matemáticas.

Su presentación en Occidente fue a través de una carta que envió al prestigioso matemático inglés G. H. Hardy con varios de sus teoremas y fórmulas matemáticas. Cuando Hardy lo leyó pronunció el siguiente comentario:

Nunca había visto nada ni siquiera parecido. Una ojeada es suficiente para comprender que solamente podían ser escritas por un matemático de la más alta categoría. Tenían que ser ciertas, porque si no lo fueran, nadie habría tenido suficiente imaginación para inventarlas

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Pese a ser una de las obras más breves de Thomas Mann, La Muerte en Venecia, publicada en 1912, es a su vez una de las más complejas, debido a las numerosas interpretaciones que se le pueden dar a esta novela cargada de simbolismo. Cabe pensar la obra como un reflejo parcial de la vida del autor tomado de su propia estancia en Venecia y su condición de artista. Según el propio Mann, el tema de La muerte en Venecia es “la pasión como desequilibrio y degradación”. Las siguiente líneas desarrollan un análisis de esta obra en la que la acción se ve precipitada por una consumación del artista harto de lo ya conocido y que lo precipita inevitablemente a la muerte. Una muerte que ya es anunciada en el título y que vuelca el interés del lector en el deterioro y la evolución del protagonista.

El personaje principal, Gustav von Aschenbach, recibe el título de nobleza por una obra que tiene el honor de incluirse como lectura oficial en las escuelas de su país natal, Alemania, fruto de una vida consagrada al arte con dignidad y rigor.

Aschenbach había reprimido una parte de sí mismo que niega y mantiene oculta desde la juventud. Durante cincuenta años se había opuesto a la anarquía del sentimiento, consagrado al cultivo de un trabajo fecundo y creativo. Aschenbach consideraba la belleza como el ideal de perfección con el que debía impregnar sus obras y pese a haberlo logrado en cierto modo se sentía aún insatisfecho.

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OCCIDENTE Y ORIENTE

La propia concepción del ser humano, como sujeto, dotado de curiosidad e intuición ha hecho que a lo largo de la Historia éste haya pretendido determinar su situación con respecto al Universo con objeto de vislumbrar la naturaleza última de las cosas. El espíritu humano le cierne a considerarse como centro y a desprestigiar aquello que se escapa de su ideal de simplicidad y belleza, representado tradicionalmente por la imagen del círculo.

El miedo a la ignorancia ha precipitado el desarrollo de un conocimiento y sabidurías en ocasiones poco claras.  Oriente hubo visto en la ignorancia la causa magna del sufrimiento. La ansiedad fue a su vez consecuencia del vértigo que nos produce la libertad. La insatisfacción continua y el afán por crecer, cambiar y evolucionar ha levantado para muchos un sistema industrial aparentemente insostenible.

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